Mi paciente me permitió utilizar su imagen, que representa el siguiente relato en otras mujeres cuando se aprecia de manera explícita el mensaje. No es su historia, pero sirve de referencia.
Una niña puede preguntarle a su mamá: “¿Qué tenés ahí?” o incluso “¿Por qué tenés un pito?” cuando observa unos labios menores hipertróficos (grandes).
No hay maldad en esa pregunta. Hay asociación. Las niñas comparan con lo que conocen: si han visto genitales masculinos y luego observan una vulva con mayor protrusión labial, intentan homologar desde su lógica infantil aquello que les resulta diferente.
La diversidad anatómica vulvar es amplia, pero culturalmente no siempre está representada. Y cuando algo no se reconoce, se nombra desde lo que sí se conoce.
Desde el amor también puede aparecer la estigmatización. No porque haya intención de herir, sino porque falta información y naturalización de esa diversidad.
Hablar de estos temas no es promover nada. Es comprender, educar y acompañar. Porque muchas mujeres han crecido sintiendo que “algo estaba mal” con su anatomía, cuando en realidad lo que faltaba era conocimiento y validación.
La información no crea complejos. La ignorancia sí puede hacerlo.

